“Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su único hijo” Jn 3, 16

¡Por fin! Lleno de luz y de magia llega a nosotros el día más importante, el momento cumbre de estas cuatro semanas de adviento, la Navidad. Ya podemos añadir el niño al portal de Belén, cantar a viva voz los villancicos y romper a celebrar su llegada en familia. Y es que entre las idas y venidas, los petardos, las panderetas, la cena y las compras es posible que pienses que no tienes tiempo para detenerte, pero deberías hacerlo.

El profeta Isaías, la Virgen María y San José ya se han acercado por el blog para ayudarnos a profundizar sobre su vida. Pero nos falta el más importante de todos, el que da sentido a la historia de todos ellos y todos nosotros, el Niño Jesús. Esta vez será Michelangelo Merisi da Caravaggio quien prestará imagen a esa escena religiosa, la Natividad.

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Bellísimas sombras e inquietantes oscuridades caracterizan la producción artística de este pintor italiano considerado el primer gran exponente de la pintura barroca. De espíritu innovador era capaz de combinar escenas como la santidad divina y la miseria humana. En nuestro siglo es un pintor muy valorado aunque en su vida no gozó de tanta estima. La temática de sus pinturas suelen ser en gran parte temas religiosos (que os animo fervientemente a conocer) y cada una de ellas refleja una visión profundamente personal del arte que nos acerca a esa lucha interior que vivía dentro de nuestro artista, un debate entre luz y oscuridad.

En Sicilia pintó dos Natividades muy diferentes entre sí, una un poco más ortodoxa sobre la adoración de los pastores y ésta que hoy os presento de carácter más devoto que por desgracia fue robada en 1969. Caravaggio utiliza un anacronismo clave con las figuras de dos santos; San Francisco de Asís aparece en el fondo con las manos unidas y en actitud de oración y San Lorenzo aparece a la izquierda del cuadro. En este último personaje nuestro pintor indica mayor interés y protagonismo reservándole las mitad del espacio horizontal del lienzo casi tanto como el resto de personajes juntos. Además lo viste con  luminosas ropas que destaca en contraste con la penumbra del espacio y lo acompaña de una parrilla que hace referencia a su martirio. Esta preocupación por San Lorenzo es debido a que bajo este personaje se encuentra la iglesia de Palermo que pago la obra a Caravaggio.

De forma curiosa no aparece ningún halo o algún otro símbolo de santidad como en otras pinturas. Con las ropas aún desordenadas la Virgen descansa sentada en el suelo contemplando a su hijo con dulzura. Acompañada también por San José que aparece, en comparación a la semana pasada, aparentemente juvenil, algo muy inusual, y se encuentra sentado señalando a su hijo del que habla con un hombre al girarse. El ángel es la figura que aporta algo más de dinamismo y movimiento y que en la pintura de nuestro artista adquiere gran importancia. Porta una filacteria que anuncia GLORIA IN ECCELSIS DEO (Gloria en las alturas) esa famosa frase que a los del coro nos cuesta tanto recordar. Y al fin el Niño Jesús nace de las entrañas de su madre y yace tumbado entre un montón de paja donde todo el mundo le mira y le contempla como si de una hoguera de calor y luz se tratara.

Es difícil hablar de un grupo de personajes tan importantes para la fe cristiana. Por ello me gustaría potenciar el sentido de unidad, lo que forman cuando están cerca, algo que llamamos familia y que tan importante es en esta época del año. Todos se van acercando en torno al bebé recién nacido, la mayor bendición que pueda vivir una familia, y juntos comparten este momento en un espacio cálido y acogedor. De la misma forma nos hemos reunido con nuestros seres más queridos esta Noche Buena y hemos celebrado un año más el regalo de la familia. Grandes banquetes, decoración, luces de navidad, nada más lejos de la realidad de un pesebre en Belén. Obras como esta nos llama a la paz, la reconciliación, la alegría y sobre todo al amor. No hace falta sufrir por no poder hacer regalos o preparar una gran cena porque el amor no tiene representación tangible, sino que se entrega a través de un abrazo o de un beso. El regalo más grande ya se nos ha dado pues no olvides que “Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su único Hijo…” (Jn. 3,16)

¡¡Feliz Navidad!!

Gloria López, comunidad Allmighty Jah.


3 respuestas a ““Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su único hijo” Jn 3, 16

  1. Excelente descripción de la pintura y de los comentarios religiosos,teológicos y de testimonio actual y compartido con tus compañeros de Coro ,especialmente,productos de un muy buen hacer.Gracias

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  2. Muchísimas gracias Yoyi por ayudarnos a vivir la Navidad desde Dios.

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  3. Los temas religiosos a través de el arte me resultan inquietantes y me encantan.
    Una buenísima interpretación de la pintura.
    A veces dejamos pasar los momentos dulces de la vida y creemos que tenemos que demostrar el amor a nuestros semejantes con un regalo; y es verdad que de todo quiere Dios un poco, pero.. ¿Por qué no, nos amamos un poquito más? el amor se hace grande cuando se da.
    Señor que sepamos darnos a los demás. !Felices Navidad!

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