La celebración del sacramento del perdón, es uno de los pasos del camino que recorremos en Cuaresma y en el que hemos tenido la oportunidad de prepararnos para acompañar al señor en su pasión, su muerte y su resurrección.
A veces creemos que no nos hace falta, que no cometemos pecados graves, que podemos dejarlo para otra ocasión… Pongamos un ejemplo contemporáneo: haces muchísimas fotos con el móvil y no borras ninguna, ni siquiera las que salieron mal. Tampoco haces limpieza de todos esos memes que te llegan por whatsapp. Al final tu smartphone funciona muy lento, te quedas sin espacio en la memoria para nuevas imágenes y, en el peor de los casos, el dispositivo se avería… y pierdes todos los datos.
Si solo usas el móvil para llamar, acudamos al socorrido cajón donde vas metiendo todo tipo de objetos, unos para tenerlos a mano, o «por si acaso me hacen falta un día». Casi siempre son cositas pequeñas, otras quizá no tanto… el cajón se va llenando cada vez más. Y cuando necesitas algo y vas a abrirlo, uno de esos cachivaches se ha atravesado… y bloquea el cajón. Aquí no pierdes los datos pero sí mucho tiempo y esfuerzo desmontando el mueble para que todo vuelva a funcionar como debe.
Y es que el desorden llama al desorden. Es como no barrer el dormitorio: lo que un día son pelusas acaban trayendo polvo y más pelusas y de repente te encuentras bajo la cama un montón de bolas de pelo.
Pues lo mismo con el pecado. Por eso es tan bueno acudir a la confesión y reconciliarse con Dios, cualquier día del año y, especialmente en este tiempo de preparación
(Entrada editada en 2026)