Fraternidad para un mundo herido

El 2 de febrero se celebra la Presentación de Jesús en el templo, a los 40 días de su nacimiento.

Ese día celebra la Iglesia la Jornada de la Vida Consagrada porque los religiosos y religiosas, como hicieran sus padres con Jesús, están llamados a ofrecer su vida entera a Dios.

Pero esta entrega personal te regala hermanos y te incorpora a una comunidad que comparte y alimenta tu vocación y misión.
Por eso este año el lema de la Jornada es: “La vida consagrada, parábola de fraternidad para un mundo herido”.

Justifican este lema dos situaciones de la actualidad:

1- La vivencia de la pandemia, que nos ha hecho caer en la cuenta de que no nos salvamos solos y nos necesitamos los unos a los otros.

2- La reciente encíclica de Francisco Fratelli Tutti que alerta contra la tentación del individualismo y aboga por una fraternidad universal.

Los tres religiosos ss.cc. que animamos la Parroquia vivimos en comunidad, nos sentimos hermanos y nos gustaría extender esta vivencia de la fraternidad más allá de nosotros. De ahí la insistencia en vivir la fe en comunidad.

Sentirnos hermanos es un don y una exigencia de la fe. No se trata de tener amigos en la Parroquia sino de sentirnos hermanos, porque los amigos los tomas o los dejas, pero la familia, los hermanos, lo son siempre.

Ojalá que la Parroquia la vivas como tu segunda casa y aquellos con los que compartes tu fe como tu segunda familia.

La luz de la fraternidad será entonces una alternativa al individualismo cada vez más marcado de nuestra sociedad y un remedio que cure la herida de la soledad que tantos viven.