Un año más comenzamos el camino cuaresmal con la imposición de una cruz de ceniza sobre la frente y las palabras «Conviértete y cree en el Evangelio». Sobre ambos elementos, la ceniza y la llamada a la conversión, giró la homilía del padre Curro en la eucaristía vespertina de este 18 de febrero.
En primer lugar, nos invitó a ser conscientes de lo que realmente significa convertirse, que no es únicamente cambiar ciertas actitudes y hábitos, sino de mirar a Jesús y «contagiarse» de Él. «Esa primera conversión, que es la más importante, la que ayuda a sostener otras conversiones, tiene que ver con nuestra manera de experimentar a Dios. No es tanto ver en qué me esfuerzo en hacer por Dios sino ver qué hace Dios en mí. Se trata de descubrir cómo hace Jesús las cosas y por qué las hace. Y esto sólo es posible meditando la palabra de Dios, orando con ella y celebrando los Sacramentos». Algo que, resaltó, sólo podemos hacer en comunidad.
La segunda conversión, prosiguió el padre Curro, nace de entender la ceniza -restos muertos de lo que un día fue vida- como signo de nuestra nuestra fragilidad, de nuestra necesidad de salvación. «Somos seres necesitados, abocados a la muerte. La experimentamos en la enfermedad, en las dificultades, en los conflictos… Este es un tiempo para reconocernos así, pero no para quedarnos ahí sino para que seamos capaces de acoger la gracia de Dios y, al reconocernos siendo cenizas, permitir que nos salve, que nos sane, que nos dé vida; dejarnos transformar y resucitar por Él».
La tercera conversión la definió con tres invitaciones propias de este tiempo: ayuno, limosna y oración. El ayuno como renuncia, como una forma de hacer espacio y de «empatizar y sentirnos cerca de ese Jesús que, por amor, sufre para salvarnos. Ayunar es como acompañarle por ese camino de sufrimiento y acercarnos también a la gente necesitada de este mundo». Una actitud que el padre Curro tradujo en entregar aquello a lo que renunciamos, haciendo espacio para Dios en la oración y dándonos a nuestros hermanos a través de la limosna o donando nuestro tiempo, de forma que esa conversión no sea solo para nosotros sino que «la compartamos como signo de fraternidad y de la presencia del Reino».
Finalmente el padre Curro nos animó a ver la Cuaresma como un tiempo de oportunidad y de gracia y también a vivirla de forma que cuando termine estemos más cerca del Señor.










Os invitamos a participar en los cultos y actividades para caminar en comunidad en busca del Señor durante esta Cuaresma







