En Málaga, como en casa

Hasta el 11 de agosto la comunidad SSCC Virgen del Camino en Málaga cuenta con más hermanos. Jóvenes de parroquias de la congregación en Madrid y Sevilla conviven en la casa parroquial mientras participan en un campo de trabajo en el que los niños de nuestros barrios son los protagonistas.

Protagonistas, más que beneficiarios. Porque como nos recuerda Pedro, de la parroquia Sagrados Corazones (Sevilla) «aunque suene a cliché, uno recibe mucho más de lo que da. Estar aquí y ayudar, me llena». El resto de jóvenes escucha y asiente. Durante unos minutos abandonan el trasiego de tijeras, planchas de goma eva y pegamento para compartir por qué regalan algo tan valioso como sus vacaciones.

Para Carmen -Pitu para los amigos- es su primera experiencia de este tipo aunque es una fija en convivencias estivales de la congregación y durante todo el año en la parroquia de San Víctor (Madrid). «Creo que está muy bien para iniciarse en este mundo; los niños siempre son muy cercanos y familiares». Un estreno que siempre resulta más fácil en familia. «Es lo que tiene el carisma de los Sagrados Corazones -añade-. Vas a Torrelavega, a Sevilla, a Málaga… y aunque son lugares y personas diferentes, hay algo como muy familiar, sientes mucha cercanía y eso te ayuda a comunicarte con el resto».

Ese es un camino en el que Pedro está más adelantado. Él pasa fines de semana en Málaga y siempre encuentra hueco para echar una mano en Juego de Niños. Algo que suma a su labor en la comunidad de Sevilla. «Llevo allí desde chico, por mis padres, y también en el colegio. He estado en todo: catequesis, grupos de postcomunión… ahora soy catequista y me he animado a venir a este campo de trabajo». Y no lo hace solo. Con él ha llegado Ángel, también ligado al colegio sevillano y a la parroquia con sede en el barrio de Los Remedios. «Cuando salió la posibilidad me dije: mira, vamos a tirarnos a la piscina, a ver cómo sale esto y, la verdad, es muy buena experiencia», comenta.

Ese tirarse a la piscina tiene más de frase hecha que de realidad. Entre los juegos del precampamento de las mañanas, visitas al Cottolengo, las dinámicas y los momentos de oración, apenas hay tiempo para el descanso. Pero sí para la convivencia y eso es lo que destaca Pablo, otro participante del campo de trabajo. Aunque es veinteañero, como sus compañeros, comenta que se siente «el abuelo cebolleta».

Pablo procede de San Víctor y en septiembre ingresará como prenovicio en los Sagrados Corazones. «No conocía la parroquia de Málaga aunque sí a gente muy buena que han salido de ella como Juande y Alberto Gaitán. Tenía muchas ganas de venir y este campo de trabajo tiene un valor añadido como es vivir en comunidad. Campos de trabajo hay muchos pero no creo que haya tantas órdenes y congregaciones que te inviten a compartir la mesa, el baño y todo en su propia casa, que te abran las puertas de la comunidad. Para mí esto tiene mucho valor porque en septiembre entraré a vivir en la de Jerez y esta primera toma de contacto me resultaba muy llamativa», afirma. A ese aliciente suma la posibilidad de trabajar con niños, algo en lo que tiene experiencia y vocación como profesor de infantil en el Colegio Mirasierra.

La pausa está a punto de terminar y quedan algunos por comentar su experiencia. Rémy, que es uno de los que codirige el campamento junto a Cervera y Trujillo, sonríe, bromea durante la sesión de fotos y escucha silenciosamente. Aunque normalmente habla mucho, aseguran sus compañeros. A los que vienen de otras provincias se suman dos malagueños: Trujillo al que ya hemos mencionado, y Carmen, que juega en casa, pero en un sentido diferente al habitual. Aunque su hogar está a pocos metros, también ella se ha trasladado a vivir las dependencias de la parroquia durante el campo de trabajo. «A mis amigas les extrañó mucho y es verdad que al principio es chocante, pero una vez que estás aquí todo es muy familiar, me siento muy a gusto rodeada de gente tan buena… así que al final no hay mucha diferencia».

La convivencia se prolongará unos días más para posteriormente trasladarse al campamento de verano, en el que seguirán trabajando, como estos días, junto a los jóvenes de Virgen del Camino para que los peques de nuestros barrios disfruten de unos días muy especiales, y volver después a sus respectivas ciudades y parroquias con el corazón lleno de amor.