El inicio del Adviento ha sido especialmente señalado para la comunidad Virgen del Camino. Es un tiempo fuerte que comenzamos con el propósito que el padre Pablo nos señalaba en la misa de vísperas del primer domingo: «Tenemos que vivirlo con tranquilidad, sin adelantarnos. Tenemos por delante estas cuatro semanas que en definitiva son un regalo para pararnos un momentito en nuestra vida y ver cómo andamos en nuestra relación con Jesús. Decía un filósofo: ‘cuando Cristo entró en nuestro mundo no vino a iluminar nuestros diciembres sino vino a transformar nuestras vidas’. La iluminación, en sí, es algo bonito, pero si nos quedamos solamente en lo bonito se nos queda algo vacío. De hecho, si cogemos una bola de navidad, vemos que por dentro está totalmente hueca. Muy bonita, pero hueca. Ojalá nuestro Adviento no se quede en algo hueco, que todo lo que hagamos sea bonito pero, además, con contenido. El Adviento es un tiempo para prepararnos a reencontrar a Dios en nuestra vida y en la vida de todos aquellos que nos rodean. Es un tiempo para dejar que Dios nazca en nosotros y que encuentre un lugar para quedarse. Por eso la exclamación por excelencia de este tiempo de Adviento es Maranatha: ven, Señor, Jesús. Pero no olvidemos que el Adviento no es un tiempo pasivo en el que las cosas se me dan hecha. Está claro que el Señor viene, y aunque tú no quieras pero, ¿cómo vas a recibirlo? El Adviento quiere ayudarnos a recalibrar nuestra vida, a ponernos en la dirección indicada».
Además, la misa de vísperas del primer domingo ha coincidido con la eucaristía del Envío de los agentes de pastoral para quienes tenemos tareas encomendadas en la parroquia, que van desde formar parte del Consejo Pastoral, ser catequistas, integrantes de pastoral de la salud, Juego de Niños, voluntarios de Cáritas o profesores de su programa de refuerzo escolar, hasta prestar servicio en la comisión de comunicaciones o el coro.
Como nos recordó el padre Pablo, se trata de «caer en la cuenta de que todo lo que hace la parroquia no lo hace menganito o menganita, sino que lo hace porque la parroquia le ha enviado a esa misión. Por eso tiene la tarea de no predicarse a sí, sino predicar el Evangelio». Es una implicación que renovamos cada principio de curso comprometiéndonos a que nuestra misión atraviese, no sólo nuestro hacer sino nuestro ser; siendo conscientes de que la tarea no la hacemos impulsados por nuestras fuerzas sino por la del Espíritu Santo y haciendo nuestra la actitud de Jesús que no vino a ser servido sino a servir.
Y, hablando de servir, el acto del Envío terminó con un sencillo -y divertido- homenaje a alguien que lo ha hecho incansablemente durante medio siglo: Purita, nuestra Purita, quien, según recordó el padre Pablo, «aún no estaba construida nuestra actual iglesia y ya estaba ejerciendo en la que había entonces». 50 años sin tener vacaciones, recordaba la propia Purita, quien recibió como recuerdo una figura del padre Damián, de quien es tan devota. Aunque ya no ejercerá como sacristana, Purita seguirá viniendo a la parroquia y siendo corazón de la misma, ahora con otras funciones «como rezar por nosotros», concluyó el padre Pablo.
Para terminar, compartimos algunas imágenes de la celebración y el programa de actividades, con una invitación a vivir juntos este tiempo de esperanza.















